El expediente
Manuel Varela, paramédico del Samur de Madrid, viaja a Basilea para recibir una terapia génica que debería curarle una hemofilia de toda la vida. Firma el consentimiento sabiendo que en los dos pacientes anteriores apareció una complicación metabólica. Lo que no sabe —lo que nadie le dijo— es que la empresa había calculado esa complicación con una probabilidad del setenta a ochenta por ciento antes de tratar a nadie. Y que la calculó porque le convenía.
Cuatro semanas después de la infusión, el cuerpo de Manuel deja de fabricar hemo. Pierde el olfato, baja su temperatura, rechaza la comida sólida y empieza a necesitar, cada quince días, sangre humana fresca para seguir vivo. La cura se ha convertido en una dependencia de por vida, y la dependencia, en un modelo de negocio.
Mientras su hermana Lucía cruza Europa para convertirse en su donante, la directora científica del programa, Helena Krüger, y el hematólogo Lukas Meier tienen que decidir qué hacer con una nota interna que lo explica todo. Y un periodista al otro lado del Rin espera, con esa nota en la mano, a saber por qué vía va a salir la verdad.
Una novela sobre lo que una empresa sabe y no dice, sobre el cuerpo que se vuelve mercado, y sobre las dos cosas que sostienen a un hombre cuando todo lo demás se vuelve cifra: una hermana que dona y un padre que solo pregunta si lo están cuidando.
Inspirada por la ciencia
Terapia génica para hemofilia y alteración del metabolismo del hemo
Una intervención científica concebida para resolver un límite real del cuerpo humano.
La solución funciona, pero abre una consecuencia que transforma el problema original en otra cosa.
¿Qué sucede cuando una cura convierte al paciente en un cliente de por vida?

