El expediente
El axolote nunca crece. Vive toda su vida en estado larval, perpetuamente joven, perpetuamente sin terminar. Esa misma biología le permite regenerar cualquier órgano de su cuerpo.
Cuando el Proyecto Xólotl usa los genes del axolote para regenerar el páncreas de ochenta y cuatro pacientes diabéticos, el resultado es perfecto: la insulina vuelve, la enfermedad desaparece, los titulares dicen «milagro». Nadie pregunta qué tuvo que aprender el cuerpo humano para conseguirlo.
Nueve meses después, un hombre de cuarenta y tres años pierde un molar. Debajo crece un diente de leche. En los archivos de seguimiento, una endocrinóloga encuentra placas de crecimiento abiertas en huesos adultos, hemoglobina fetal donde debería haber hemoglobina de adulto, y cicatrices que desaparecen como si nunca hubieran existido. El cuerpo de los pacientes no se está transformando. Está retrocediendo.
Inspirada por la ciencia
Regeneración basada en genes del axolote y neotenia
Una intervención científica concebida para resolver un límite real del cuerpo humano.
La solución funciona, pero abre una consecuencia que transforma el problema original en otra cosa.
¿Qué aprende el cuerpo para regenerarse, y qué ocurre si ese aprendizaje lo obliga a retroceder?

